La primera baja de todas las guerras es la verdad. En el comienzo de la Segunda Guerra Mundial el pueblo inglés no estaba motivado en contra de su enemigo. No lo odiaban. Winston Churchill se propuso fomentar el odio contra los alemanes haciendo que éstos provocaran un sufrimiento muy grande a los civiles ingleses. La Convención de Ginebra dejaba fuera de las hostilidades a la población civil. Era inconcebible el bombardeo de blancos desprovistos de valor estratégico o que no fuesen militares. Siempre hubo una doble moral en estas cuestiones. Cuando fue inventada la ametralladora se la consideró un arma demasiado despiadada como para ser utilizada contra los hombres, pero siempre y cuando esos hombres fuesen blancos. No había mayores reparos para que fuese usada contra indígenas y personas de etnias con otros colores de piel, en los lugares “perdidos” del mundo. Adolf Hitler sentía cierto respeto por los ingleses. Hasta la casa real inglesa tenía ascendencia alemana....